Cuando se habla de Ibiza, aparecen en la mente conciertos, chiringuitos sobre la arena, grandes discotecas y playas abarrotadas. Sin embargo, hay otra isla que aparece cuando uno se desvía, solo un poco, de los lugares más concurridos. Está en la costa este y se llama Santa Eulalia des Riu. Aquí el sonido más habitual es el ir y venir de las embarcaciones en el puerto, las conversaciones en las terrazas y el mar rompiendo suavemente sobre la arena.

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Una localidad para descubrir sin prisas

El paseo marítimo invita a detenerse varias veces, ya sea para contemplar el puerto deportivo o para hacer una pausa en alguna cafetería con vistas al Mediterráneo. A pocos minutos aparece el Puig de Missa, la iglesia fortificada, construida hace siglos para proteger a la población de los ataques llegados desde el mar, continúa dominando el paisaje.

Al bajar, merece la pena dedicar un rato al centro histórico para observar escaparates, entrar en una galería de arte o descubrir pequeños restaurantes donde la cocina ibicenca sigue ocupando un lugar importante en la carta.

Quienes utilizan Santa Eulalia como base suelen afirmar que casi todo queda cerca. En pocos minutos de coche aparecen calas con una personalidad muy distinta entre sí.

Cala Nova es conocida por sus aguas transparentes y por el ambiente relajado que conserva incluso en temporada alta. Más al norte esperan Cala Llenya y Pou des Lleó, dos rincones donde la vegetación todavía acompaña al litoral y donde el paisaje invita a quedarse un poco más de lo previsto.

Otra parada interesante es Es Canar. Su mercadillo de Punta Arabí sigue siendo un reflejo de la Ibiza más creativa, con puestos de artesanía, artistas locales y un ambiente que mezcla visitantes de muchas nacionalidades con vecinos de la isla.

Y si en algún momento apetece cambiar de escenario, la ciudad de Ibiza está a menos de media hora. Pasear por Dalt Vila continúa siendo una de esas experiencias que ayudan a entender la historia del archipiélago mucho antes de que llegara el turismo moderno.

Dónde alojarse si buscas tranquilidad

Cala Llonga ofrece una atmósfera serena. Su playa, resguardada por colinas cubiertas de pinos, suele atraer a familias, parejas y a quienes simplemente quieren descansar después de una jornada de excursiones.

En esta bahía se encuentra el Hotel El Pinar, un alojamiento situado junto a la playa que dispone de estudios y apartamentos equipados, piscina para adultos y niños, restaurante y espacios pensados para disfrutar de una estancia tranquila, con la ventaja de estar bien comunicado tanto con Santa Eulalia como con otros puntos de interés de la isla.

Cómo llegar sin complicaciones

El aeropuerto se encuentra a unos veinte kilómetros de Santa Eulalia. El desplazamiento puede hacerse en taxi, autobús o coche de alquiler, una alternativa especialmente práctica para quienes quieren descubrir distintas playas durante la estancia.

La red de carreteras facilita los desplazamientos entre municipios y convierte esta zona en un buen punto de partida para recorrer la isla sin realizar trayectos demasiado largos.

En definitiva, Santa Eulalia pertenece a esos destinos cuyo atractivo aparece poco a poco, mientras uno pasea junto al mar, descubre una cala escondida o contempla el atardecer desde el puerto. Quizá esa sea su mayor virtud, demostrar que Ibiza también se disfruta lejos del bullicio, con otro ritmo y con una forma de viajar que invita a regresar.

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